_En respuesta a las palabras de Juan, el alienígena se inclinó hacia adelante, sus enormes pechos rozaron su torso desnudo. Con renovado vigor, comenzó a empujar más fuerte y más rápido, igualando perfectamente su ritmo. Un gruñido bajo y primitivo escapó de lo más profundo de su garganta, resonando en todos sus cuerpos unidos. La sensación se intensificó mientras se movían juntos como dos bailarines cósmicos encerrados en una danza prohibida de deseo y sumisión.